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Bestrateo Consulting

Sectores

Reformas y construcción

donde el presupuesto cuesta más que la obra pequeña

Medir, calcular y redactar un presupuesto lleva horas de oficina que nadie factura. Y la mayoría se quedan sin respuesta, sin que se sepa por qué.

Cómo funciona hoy

Las peticiones llegan sin filtrar: quien quiere reformar una cocina entera, quien pide precio por cambiar un grifo y quien está pidiendo tres presupuestos para negociar con otro. Distinguirlos exige una visita, y la visita ya ha costado media mañana y el desplazamiento.

Después viene la parte de oficina: mediciones, precios de proveedor, plazos, y redactar un documento presentable. Suele hacerse por la noche o el domingo, porque el horario de obra no deja hueco.

Y el presupuesto se envía. A partir de ahí, silencio. Nadie hace el segundo contacto de forma sistemática porque a las siete de la tarde, después de obra, no queda cuerpo para perseguir a nadie.

Dónde se va el tiempo

Cuatro puntos donde el sector regala trabajo que ya ha hecho.

Visitas que no debían hacerse

Desplazarse a medir una obra que no encaja por tamaño, por zona o por presupuesto disponible. Se sabría antes con cuatro preguntas, pero hacerlas por teléfono cuesta una llamada que tampoco se hace.

Presupuestos que nadie contesta

Se envían y se pierden. Sin un seguimiento pautado, la mitad se quedan sin un sí ni un no, y el trabajo de medirlos y calcularlos ya está hecho y pagado por la casa.

El cliente que pregunta cómo va

Durante la obra, la llamada de «¿cómo vamos?» interrumpe al jefe de obra varias veces al día. La información existe, pero está en la cabeza de quien está subido a un andamio.

Coordinar gremios y proveedores

Confirmar que el fontanero viene el martes, que el material llega el lunes y avisar al cliente de que esa semana no habrá agua. Todo por llamadas, y una que falle retrasa la obra entera.

Por dónde se empieza

En reformas se empieza por el seguimiento de presupuestos, porque es donde el trabajo ya está hecho y sólo falta cobrarlo. Recuperar dos de cada diez presupuestos dormidos suele valer más que cualquier campaña de captación, y no cuesta publicidad.

El circuito registra cada presupuesto enviado con su fecha e importe, escribe a los tres días y a los diez con un mensaje que no suena a insistencia, y avisa al responsable sólo cuando el cliente contesta algo que merece una llamada.

La segunda pieza, si el volumen lo justifica, es filtrar las peticiones antes de la visita: cuatro preguntas automáticas que separan la cocina completa del grifo suelto, y que ahorran los desplazamientos que hoy no se facturan.

Empezamos por conocer lo que haces