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Bestrateo Consulting

Sectores

Despachos profesionales

donde el cuello de botella es el cliente

El trabajo técnico rara vez es el problema. El problema es conseguir a tiempo los papeles para poder hacerlo, y responder veinte veces al día en qué punto está cada cosa.

Cómo funciona hoy

El calendario del despacho no lo marca el despacho: lo marcan los modelos trimestrales, la campaña de renta y los cierres. Y en esas semanas el equipo no está haciendo trabajo técnico, está persiguiendo documentación.

La documentación llega por donde le viene bien al cliente: adjunta en un correo, fotografiada en WhatsApp, subida a un Drive compartido o en un sobre. Alguien tiene que recogerla, comprobar que está completa, renombrarla y meterla donde corresponda antes de que empiece el trabajo de verdad.

Y entremedias, el teléfono. La misma pregunta —si ya se ha presentado, si falta algo, cuándo hay que pagar— repetida por clientes distintos, respondida a mano cada vez por quien mejor conoce el expediente, que suele ser quien menos tiempo tiene.

Dónde se va el tiempo

Cuatro puntos que se comen las semanas de más carga, que además son las que menos margen tienen.

Pedir y perseguir documentación

Escribir a cada cliente diciéndole qué falta, apuntar quién ha contestado, volver a escribir a los que no. Multiplicado por la cartera y concentrado en dos semanas de cada trimestre.

Clasificar lo que llega

Facturas fotografiadas de través, extractos en PDF, contratos escaneados. Identificar de qué cliente es cada cosa, de qué periodo y de qué tipo, y dejarlo donde el software de gestión lo espera.

Responder el estado veinte veces

La pregunta es siempre la misma y la respuesta está en el sistema, pero contestarla exige entrar, mirar y redactar. El coste no es el minuto: es la interrupción a quien estaba concentrado en un expediente.

Avisar de plazos

Los vencimientos se conocen con un año de antelación y aun así se avisan con prisa, porque avisar bien exige cruzar el calendario fiscal con la situación concreta de cada cliente.

Por dónde se empieza

En un despacho se empieza por la recogida de documentación, y no por la respuesta al cliente. Es contraintuitivo, porque lo que más molesta son las llamadas, pero la mayoría de esas llamadas existen porque el cliente no sabe qué ha entregado ni qué falta.

Un circuito que pida lo que falta con nombre y apellidos, recuerde solo, acuse recibo de lo que llega y deje al cliente ver su propio estado elimina la causa en lugar de gestionar el síntoma.

Aquí sí entran agentes de IA, porque clasificar un documento exige interpretar su contenido y no basta una regla. Con una condición: el agente propone la clasificación y una persona la confirma antes de que nada entre en el expediente. El secreto profesional no admite un «casi siempre acierta».

Empezamos por conocer lo que haces